La certificación de cosecha por parte del Consejo Regulador se vio mermada por las condiciones del proceso vegetativo y la caída general de la producción en la casi totalidad de las denominaciones de origen del país

La Albarín fue la más afectada por la merma, menos notable en términos porcentuales en la Prieto Picudo, que este año supera el 80% del volumen de uva procesada por las bodegas y que elaborarán menos vinos tintos.

La uva recogida es de nuevo de gran calidad y muy buenas condiciones sanitarias, y dará unos vinos blancos y rosados frescos y altamente aromáticos y unos tintos jóvenes de gran fortaleza y elevada expresividad.

La vendimia en números

  • Fecha de inicio: 10 de septiembre
  • Fecha de finalización: 26 de octubre
  • Superficie inscrita: 1.233 hectáreas
  • Superficie productiva: 585 hectáreas
  • Número de viticultores inscritos: 229
  • Número de bodegas inscritas: 39
Variedades Cantidad de Uva Recogida (Kilos)
-Variedad principal tinta 1: Prieto Picudo
– Variedad principal tinta 2: Mencía
– Variedad autorizada tinta 1: Tempranillo
– Variedad principal blanca 1: Albarín
– Variedad principal blanca 2: Verdejo
2.081.253
22.666
60.746
289.183
129.820
Total de otras variedades autorizadas:
(Godello, Malvasía, Palomino y Garnacha)
10.010-0-0-0
Total 2.597.578

Valoración cuantitativa

La vendimia 2021 concluyó con un balance de cosecha muy por debajo de las expectativas iniciales, sobre todo por las condiciones del ciclo vegetativo, que determinaron una merma de producción del viñedo en la casi totalidad de las denominaciones de origen del país y que en el caso de la zona del sur de la provincia supuso un  descenso del 7,8% respecto a la de 2020. Pero también por la incertidumbre sobre el comportamiento del mercado y la evolución de las ventas, que han impuesto cautela entre los elaboradores, quienes de nuevo han ajustado al máximo sus previsiones para evitar poner en peligro la viabilidad económica de las bodegas después de casi dos años de caída histórica de las ventas por los prolongados cierres del sector hostelero. La extraordinaria dependencia de los vinos de la DO León de la alta rotación y de la venta en las barras de los bares penalizó enormemente la comercialización de los vinos blancos de la variedad Albarín y de los rosados y tintos de Prieto Picudo.

En ese escenario, un dato realmente muy positivo lo aporta el incremento del volumen de uva vendida a las bodegas por los viticultores independientes, que se elevó a 723.129 kilos, frente a los 583.175 de la vendimia anterior, lo que viene a confirmar la necesidad de los elaboradores de proveerse de uva ante la escasez de la cosecha de sus propios viñedos.

Por otra parte, el análisis de los datos de producción por variedades revela una vez más la firmeza de los enólogos y elaboradores en su apuesta por las dos variedades autóctonas que aportan singularidad, carácter y distinción a los vinos de la Denominación de Origen León. Entre las blancas y pese a haber sido la más afectada por el descenso de la producción, la Albarín sigue siendo la dominadora con claridad (11,13% del total procesado, frente a sólo el 5% de Verdejo), aunque la producción cayó de casi 330.000 kilos de 2020 a apenas 290.000 de este año. Curiosamente, crece la Godello, aunque con cifras poco más que simbólicas (13.910 kilos) que sin embargo posibilitarán elaboraciones singulares.

Entre las tintas, la Prieto Picudo mantiene su nivel por encima de los dos millones de kilos, pero eleva al 80,12% su porcentaje sobre la vendimia total. También lo hace la Mencía, con 22.666 kilos (0,87%), con la Tempranillo todavía muy por delante (60.746 kilos, que suponen el 2,34%).

Valoración Cualitativa

Desde el punto de vista cualitativo, la añada 2021 presenta unas excelentes aptitudes para la elaboración de los vinos con las dos viníferas principales, Albarín y Prieto Picudo, que como monovarietales constituyen la gran apuesta de todas las bodegas. Sólo las lluvias registradas en la primera mitad del mes de septiembre condicionaron el desarrollo de la vendimia en ciertas zonas de la denominación, provocando que hubiera que recoger la uva con cierta celeridad ante el riesgo de sufrir ataques fúngicos. No obstante, la maduración de la uva, especialmente la destinada a la vinificación de blancos y rosados, que suponen el mayor volumen de elaboración, fue muy buena. Al igual que lo ocurrido el año anterior, es previsible que caiga la producción de tintos —con reservas suficientes en las bodegas por la caída de ventas en la hostelería y su larga vigencia—, ya que la mayoría de los kilos de uva de Prieto Picudo recogidos serán destinados a la elaboración de rosados, que por las características tan peculiares que definen su perfil y su corta vida en óptimas condiciones es necesario renovarlos cada año. Volverán a ser rosados extraordinariamente aromáticos, muy afrutados y de nuevo con muy buenos equilibrios entre alcohol y acidez. En cuanto a los blancos de Albarín, se prevé una añada también excelente, encontrando nuevamente en los vinos toda la expresividad aromática y frescura de la variedad. De los tintos se espera que el poco volumen que se elabore se destine en su mayoría a vinos jóvenes, que sin duda mostrarán toda la fuerza y rusticidad de la Prieto Picudo.

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