La producción se vio condicionada por la merma general en todas las denominaciones de origen del país como consecuencia de la sequía durante todo el proceso vegetativo y por el rendimiento de un viñedo no recuperado de los daños causados a las cepas por la helada de 2017

De las tintas, la Prieto Picudo supone el 75,73% de toda la uva recogida, 2,638.085 kilos, mientras que la Albarín (323.688, 9,29%) consolida su posición dominante entre las blancas y supera por segunda vez a la Verdejo

La uva procesada es de nuevo de extraordinaria calidad, de excepcionales condiciones sanitarias, y dará unos vinos frescos y muy aromáticos en todos los casos y posibilitará la elaboración de buenos tintos de larga guarda

Informe de la Dirección Técnica del Consejo Regulador

  • Fecha de inicio de la vendimia: 11 de septiembre
  • Fecha de finalización de la vendimia: 28 de octubre
  • Superficie inscrita: 1.322,84 hectáreas
  • Superficie productiva: 686,84 hectáreas
  • Número de viticultores inscritos: 28
  • Número de bodegas inscritas: 37

Cuadro Resumen de Vendimia

VARIEDADES CANTIDAD DE UVA RECOGIDA (Kg)
Variedad principal 1: Prieto Picudo 2.638.085
Variedad principal 2: Mencía 38.505
Variedad autorizada 1: Tempranillo 267.590
Variedad principal 1: Albarín 323.688
Variedad principal 2: Verdejo 205.440
Total resto variedades autorizadas:
Godello, Malvasía, Palomino y Garnacha
10.200.000

Valoración Cuantitativa

La Denominación de Origen León cierra la vendimia 2019 con la recogida de casi 3,5 millones de kilos de uva (exactamente 3.483.508), lo que supone una merma del 6,2% sobre la de 2018 (3.771.784) y se sitúa por debajo de las expectativas del Consejo Regulador, cuya previsión inicial apuntaba a los cuatro millones. Además del descenso generalizado de la producción en casi todas las denominaciones de origen del país, en torno a un 35% de media, como consecuencia de las condiciones meteorológicas de la campaña —sequía prolongada durante todo el proceso vegetativo, que trajo como consecuencia uva muy pequeña y racimo de poco peso—, el viñedo del sur de la provincia evidencia que sigue acusando los daños causados por la helada de la primavera de 2017, lo que tuvo como consecuencia una maduración desigual. La previsión de la dirección técnica del Consejo Regulador y de los propios viticultores es que esa situación pueda verse superada en la vendimia de 2020.

A esas razones hay que añadir que las bodegas han ajustado su producción a las previsiones de venta —condicionadas también por la pérdida de posición comercial a partir de la vendimia de 2017, con un 70% de merma— y a las dificultadas para incrementarla en un mercado de calidad extraordinariamente competitivo y, en consecuencia, han derivado parte de la uva recogida a la elaboración de vino para otros niveles de calificación inferiores y de menor exigencia en los controles técnicos.

El rendimiento por hectárea se eleva ligeramente respecto a las vendimias de 2017 y 2018 y alcanza los 5.073 kilos, muy lejos de los máximos marcados por la normativa del Consejo Regulador.
Por variedades de uva, la Prieto Picudo figura a la cabeza entre las destinadas a la elaboración de rosados y tintos, con 2.638.085 kilos (el 75,73%), seguida de la Tempranillo, con 267.590 (7,68%) y la Mencía, con 38.505 (1,11%). La Garnacha queda por segundo año fuera de la calificación.

Entre las variedades blancas, la Albarín se consolida como la preferida por los elaboradores y vuelve a superar claramente a la Verdejo, con 323.688 y 205.440 kilos de uva, respectivamente, lo que supone el 9,29% y el 5,90% del total. La Godello recupera producción y alcanza los 10.200 kilos. La Palomino y la Malvasía, también sin producción calificada, desaparecen como referencias varietales

Valoración Cualitativa

Sin embargo, la pérdida de producción se ve compensada por la excelente calidad de la uva calificada, pese a las adversas condiciones meteorológicas con las que se inició el verano: una fuerte granizada, que afectó al sur de la zona de producción, y lluvias intensas durante varios días seguidos
que provocaron serios daños en esa misma zona —Valderas, Gordoncillo y Mayorga, sobre todo— y que condicionaron el desarrollo del ciclo del viñedo en los meses siguientes. El riesgo de que las enfermedades fúngicas pudieran causar severos daños a la cepa durante el verano obligó a viticultores y bodegas a realizar numerosos trabajos fitosanitarios de prevención.

Pese a todo, esas mismas condiciones meteorológicas tan secas de los meses de julio, agosto y septiembre evitaron la aparición de daños fúngicos y propiciaron que la maduración en las parcelas ubicadas en las diferentes zonas de la denominación de origen fuese óptima. La uva pesó poco al haber sido un verano muy seco y eso permitió que nuevamente la relación pulpa/hollejo sea muy alta, lo que sin duda favorecerá especialmente a la elaboración de vinos tintos destinados a la guarda.

En el caso de las variedades blancas ya se puede adelantar que propiciarán vinos con una gran carga aromática, especialmente los elaborados con Albarín, y en general de muy buena calidad.

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